HEKTOR
Observé a Rebeca caminar hacia el auto. Llevaba un vestido sencillo color arena, que se ajustaba a sus curvas de una manera que me hacía replantearme seriamente mi capacidad de autocontrol. Se veía fresca, caótica y malditamente real.
—Llegas dos minutos tarde —dije, abriéndole la puerta del copiloto.
—Y tú llegas dos grados más guapo de lo legal, pero nadie se está quejando, ¿verdad? —respondió ella, subiéndose al auto con ese sarcasmo que usaba como armadura.
Sonreí de lado, me gustaba