HEKTOR
Caminé por el pasillo del piso ejecutivo sin mirar a nadie, mi secretaria intentó interceptarme con una agenda llena de post-its, pero le cerré la puerta de la oficina en la cara. No pasaron ni dos minutos cuando Greta entró sin tocar, azotando una carpeta sobre mi escritorio.
—Los de Frankfurt llevan media hora esperándote en la sala de juntas, Héctor. ¿Se puede saber por qué sigues con el abrigo puesto? —me espetó, cruzándose de brazos.
—No voy a entrar a esa junta Greta, cancélala —re