Capítulo 112. Sin prisa
El martes amaneció con lluvia fina.
No era una tormenta ni un aguacero dramático, solo ese tipo de llovizna persistente que obliga a caminar un poco más lento. Salí de casa sin paraguas, dejé que el agua me mojara apenas el saco, como si no tuviera apuro por protegerme de nada.
En la oficina, el día transcurrió sin sobresaltos. Trabajé concentrado, con una claridad que no había tenido en semanas. Me sorprendí resolviendo cosas sin postergarlas, tomando decisiones pequeñas sin analizarlas hasta