Capítulo 126. Aprender a no caerse
Esa noche no volvió a dormirse enseguida.
No porque no pudiera, sino porque ahora estaba despierta de otra forma.
No alerta. No ansiosa.
Simplemente… presente.
Se quedó sentada un rato largo en el sofá, con una manta sobre los hombros, mirando la ventana como si afuera no hubiera nada interesante y, sin embargo, no pudiera dejar de mirar.
Yo estaba en la cocina, lavando los platos que en realidad estaban bastante limpios ya. Lo hacía lento. No por prolijo, sino por no romper el clima. Como si c