Capítulo 124. La visita inesperada
Llegué a casa con las llaves en la mano y no supe durante unos segundos qué hacer con ellas.
Me quedé parado frente a la puerta como si no fuera mía, como si entrar implicara aceptar que no había ningún otro sitio al que ir.
Abrí.
El departamento estaba exactamente como lo había dejado.
La taza en la mesa. La luz apagada. El silencio intacto.
Eso fue lo que más me golpeó: que nada hubiera cambiado afuera, cuando todo había cambiado adentro.
Cerré la puerta y me apoyé contra ella.
Y ahí s