Salimos cuando ya era tarde.
Nos despedimos, agradecimos, prometimos vernos “un día de estos” que no sabíamos si existiría.
La puerta se cerró detrás de nosotros y la calle nos recibió con ese aire fresco que parece limpiar un poco todo.
Caminamos en silencio los primeros metros.
No un silencio incómodo, un silencio lleno.
De esos que quedan cuando algo fue suficiente.
—Así que… —dije al fin, mirando al frente— soy tu novio.
Lo dije como quien comenta el clima.
Como si no fuera nada.
Ginevra se