Capítulo 113. Continuar sin ruido
El sábado amaneció claro.
No hubo despertador ni sobresaltos. Abrí los ojos cuando la luz ya se había instalado en la habitación, sin prisa, como si supiera que no tenía que convencerme de nada. Me quedé unos minutos mirando el techo, escuchando los sonidos mínimos del edificio: una cañería lejana, pasos amortiguados, una ventana que se abría en otro piso.
Me levanté cuando el cuerpo lo pidió.
Preparé café y lo tomé de pie, apoyado en la mesada, mirando hacia afuera. El día prometía ser largo, pero no pesado. Pensé en la semana que había pasado y me sorprendió notar que no había ningún momento que quisiera borrar. Ni siquiera los silencios. Tal vez, sobre todo esos.
Más tarde salí a caminar. No tenía un destino concreto. Crucé el parque, vi a un par de chicos jugar a la pelota, a una mujer paseando a su perro con paciencia infinita. Antes, esas escenas me dejaban una sensación de estar afuera de algo. Hoy no. Eran parte del mismo mundo en el que yo estaba parado.
Me senté en un banco