Capítulo 113. Continuar sin ruido
El sábado amaneció claro.
No hubo despertador ni sobresaltos. Abrí los ojos cuando la luz ya se había instalado en la habitación, sin prisa, como si supiera que no tenía que convencerme de nada. Me quedé unos minutos mirando el techo, escuchando los sonidos mínimos del edificio: una cañería lejana, pasos amortiguados, una ventana que se abría en otro piso.
Me levanté cuando el cuerpo lo pidió.
Preparé café y lo tomé de pie, apoyado en la mesada, mirando hacia afuera. El día prometía ser largo,