Capítulo 127. Su novio
No hubo un día en el que Ginevra se despertara distinta.
No hubo una mañana con luz especial, ni una frase que marcara un antes y un después.
Hubo una suma.
Pequeña. Lenta. Casi invisible.
Hubo un día en que se levantó sola para ir al baño sin que yo se lo recordara.
Hubo otro en que se hizo un té sin preguntarme dónde estaba la tetera.
Hubo una tarde en que se quedó mirando un cuadro en la pared durante un rato largo, como si algo en ella hubiera vuelto a tener curiosidad.
Nada heroico.
Pero todo vivo.
Yo dejé de irme del trabajo antes. No porque no quisiera, sino porque ya no sentía que si no estaba yo, todo se caía. Empecé a confiar en la red que se había armado sola: Eleonor, Valentina, la terapeuta, los medicamentos, el cuerpo de Ginevra encontrando otra vez su ritmo.
Una tarde volví y la encontré sentada en el suelo del living, rodeada de papeles.
No lloraba. No estaba ida.
Estaba… ordenando.
—¿Qué haces? —pregunté.
Levantó la vista.
—Estoy tirando cosas.
Eso me sorprendió más q