Damián se levantó de inmediato, demasiado rápido, como si el cuerpo hubiera estado esperando la orden toda su vida.
La siguió por el pasillo aunque ya se sabía el camino de memoria, y esa familiaridad le dio una punzada amarga, porque nadie debería conocer tan bien los pasillos de una clínica por un coma que no termina.
La enfermera le entregó lo que debía ponerse antes de entrar.
Se puso la bata desechable, el gorro