Realmente la extrañaba.
Damián condujo hasta la clínica privada con los nervios tensándole la nuca, como si el tráfico de la ciudad no fuera nada comparado con el caos que llevaba por dentro.
Seguía sin poder asimilarlo, porque durante años los médicos repitieron el mismo diagnóstico con la frialdad de quien ya no espera sorpresas, dijeron que Dante no despertaría, que si acaso lo hacía, quedaría atrapado en un cuerpo que respiraba sin vivir, y más de una vez insinuaron lo mismo con distintas