Emma abrió los ojos de par en par detrás de la rendija y el pulso se le desbocó al instante, como si su cuerpo hubiera entendido el peligro antes que su cabeza.
Sienna estaba a punto de decirlo.
De soltar, sin anestesia, que Emma no necesitaba a nadie porque llevaba un apellido capaz de aplastar fortunas enteras.
"No. No lo digas."
La súplica le subió a la garganta como un nudo caliente.
Emma lo vio veni