Emma abrió los ojos de par en par detrás de la rendija y el pulso se le desbocó al instante, como si su cuerpo hubiera entendido el peligro antes que su cabeza.
Sienna estaba a punto de decirlo.
De soltar, sin anestesia, que Emma no necesitaba a nadie porque llevaba un apellido capaz de aplastar fortunas enteras.
"No. No lo digas."
La súplica le subió a la garganta como un nudo caliente.
Emma lo vio venir por la forma en que su amiga respiró, por ese brillo en los ojos que significaba voy a rematarla, por la pausa exacta antes de soltar el golpe final.
"Les va a decir que soy la heredera de Peter Hartley… les va a confesar que soy diez veces más poderosa que ellos… que estoy embarazada..."
¡Que alguien la haga callar!
—Porque ella es capaz de hacer su propia fortuna sin necesidad de un hombre que le resuelva la vida,