Hay cosas que el dinero no puede comprar.
Emma sintió el silencio antes de verlo.
Ese segundo rarísimo en el que una oficina entera deja de respirar porque alguien acaba de entrar y el aire cambia, como si el mundo se acordara de golpe de quién manda… o de quién cree que manda.
Desde el baño, Emma vio la escena a punto de desmayarse, vio a Sienna avanzando con la bolsa de regalo como si estuviera entrando a su casa y no a una guerra.
Damián y Victoria no le quitaron los ojos de encima ni un segundo.
No porque Sienna fuera “importante” para ellos… sino porque había dicho una palabra que no debía decir.
La primera ropita que le compré a tu...
Y ahora el silencio olía a peligro.
Sienna se plantó al lado de Caleb con una naturalidad que a Emma le dio ganas de llorar de alivio y de estrangularla al mismo tiempo.
Se veía hermosa, impecable, pero su mira