Musa.
Emma no sabía cuanto tiempo había pasado, pero aún no terminaba de procesar lo que había visto.
¿Cómo era posible? ¿O se trataba de un sucio truco de marketing?
Sacudió la cabeza, como si pudiera borrar el espejismo con ese simple gesto, pero la inquietud le trepó por el estómago.
Aun así, no podía dejarse arrastrar por la paranoia.
Había demasiado en juego.
Emmanuel, sus