Sigues soñando despierto.
Emma tomó una bocanada de aire apenas cruzó la recepción de Hartley Group.
No saludó, ni se anunció, ni esperó permiso.
Simplemente caminó directo hacia los ascensores con la carpeta de documentos apretada contra el pecho, ignorando las miradas que empezaron a seguirla desde los escritorios, desde los pasillos, desde cada rincón donde todavía quedaban empleados que recordaban quién era ella antes de que Caleb Miller se instalara allí como una