La curiosidad de Sienna se encendió con tanta fuerza que casi pudo sentirla chispear.
—¿Archienemigos cómo?
—Archienemigos de verdad. Negocios, poder, apellido, orgullo. Todo. Su familia y la mía llevaban años enfrentándose por contratos, empresas, terrenos, alianzas, viejas traiciones que yo ni siquiera entendía del todo en ese entonces. Para mí ella solo era una chica que se reía como si el mundo no pudiera tocarla. Para mi familia, en cambio, era territorio enemigo.
Sienna se quedó en sil