Parece otro.
Durante el desfile de apertura, Emma se obligó a hacer lo único sensato, mirar al frente y admirar cada diseño que avanzaba por la pasarela como si nada más existiera.
Las modelos caminaban con esa seguridad que parecía prestada por la música en vivo, y las telas capturaban la luz con una elegancia casi insultante. Había cortes impecables, estructuras que parecían imposibles, bordados tan finos que daban ganas de tocarlos solo para comprobar que eran reales.