Esta vez no iba a detenerlo.
El rostro avergonzado de Mateo hizo que Emma soltara una carcajada que resonó por todo el pasillo, demasiado escandalosa para la hora que era. Él intentó cubrirse el moretón del cuello con la mano, pero el gesto solo empeoró las cosas, porque lo hizo ver todavía más culpable.
Qué agresiva su amiga.
Emma tuvo que apoyarse un poco en el marco de la puerta para no seguir riéndose como una adolescente descubriendo un secreto ajeno, mientras Mateo, envuelto en aquella bat