No cometas una locura.
Los dedos de Emma golpeaban el volante con una insistencia que ya empezaba a parecer un idioma propio.
Llevaba más de media hora estacionada frente a Hartley Group, esperando la llegada de los abogados, aunque la culpa era completamente suya.
Nadie le había pedido llegar tan temprano. Nadie le había dicho que se adelantara casi como si fuera a una guerra y no a una reunión legal cuidadosamente programada.
Pero ahí est