Me caes bien.
Después de poner a Mara al día con casi todo lo que había pasado desde que regresó a París, Emma se quedó en silencio un segundo, mirando el agua quieta de la piscina como si ahí pudiera organizar lo que había decidido no contar.
Había hablado de Emmanuel, de sus amigos, de trabajo, de estrategias, incluso de los rumores que volvían a circular con puntualidad casi artística. Pero evitó mencionar lo único que cambiaría por completo la perspectiva de cualquiera.