Una hora antes de la pasarela de esa noche, el segundo piso de la mansión parecía un pequeño caos organizado.
Había vestidos colgados en la puerta del vestidor, una mesa llena de brochas, labiales y clips de cabello, y tres mujeres ocupando el espacio como si lo hubieran hecho toda la vida.
Emma estaba frente al espejo con el cabello a medio recoger, Mara sentada en el borde de la cama mirando todo con la misma cara de “esto no puede ser r