Los hermanos Ferguson.
Por un segundo, a Emma se le olvidó respirar.
No porque estuviera asustada… sino porque ese instante le devolvió algo que no sabía que extrañaba tanto.
—¡Emma!
Los dos hombres se acercaron sin dudarlo, co.o.si hubiesen contado los segundos para ese momento.
El primer abrazo la atrapó con una fuerza medida, como si quisieran apretarla contra el pecho y, al mismo tiem