Hoy necesito control.
Cuando llegaron a la cochera, Emma se quedó quieta un segundo, como si el cuerpo se negara a avanzar.
Ocho autos alineados con esa perfección ofensiva que solo existe donde el dinero no se esconde, sino que se exhibe.
Brillaban bajo las luces blancas, impolutos, silenciosos, como si fueran esculturas. De los que salen en portadas. De los que la gente fotografía incluso cuando pasan a toda velocidad.
Rolls-Royce. Porsche. Ferrari. Aston Martin. Range Rover...
Una fila completa de “aquí vive gente importante”, escrita en metal y lujo.
Emma sintió una punzada de incomodidad que no supo si venía del estómago o del orgullo.
Porque antes eso era normal.
Y ahora le parecía un grito.
Un recordatorio de lo que había sido… y de lo que el mundo insistía en hacer de ella.