Te lo has perdido por muchos años.
La mañana le llegó a Emma sin delicadeza.
Un rayo de sol se coló por la rendija de las cortinas y le dio directo en el rostro, como si el día hubiera decidido despertarla a bofetadas suaves.
Abrió los ojos con esa lentitud incómoda de quien todavía está entre dos mundos… y apenas intentó incorporarse, el estómago le recordó —con una crueldad casi personal— que ya no mandaba ella sola.
Una náusea le subió como una o