Día uno. Siete y cuarto de la mañana.
Nathan estaba de pie en el centro de la cocina con Helena en brazos, la mochila de Lucas en el suelo del pasillo porque Lucas la había dejado ahí en lugar del perchero, y la certeza repentina de que la logística de una familia entera descansaba sobre él.
No era nueva esa certeza.
Era la misma que había tenido muchas mañanas. Pero las otras mañanas Evelyn estaba en el cuarto preparándose o en el estudio con el café o en algún punto del penthouse desde el que