El bebé nació un miércoles de octubre.
Nathan recibió la llamada a las tres de la mañana. Era Henrik.
No dijo hola. No dijo el nombre de Nathan. Dijo:
—Ya viene.
Nathan se incorporó en la oscuridad. Evelyn ya estaba despierta. Llevaba despierta desde las dos y cuarto, desde que el teléfono había vibrado con el primer mensaje de Henrik, el que decía empezó hace una hora, sin puntuación, con la economía de quien tiene la mente en otro lugar y el teléfono solo es el canal para no dejar a la gente