Helena y Henrik llegaron un lunes de enero.
No solos. Con la estantería de Edimburgo en diez cajas de cartón robustas que la empresa de mudanzas había entregado el viernes anterior y que Nathan había apilado en el cuarto de invitados con la ayuda de Lucas, que había llegado sin que nadie se lo pidiera el viernes a mediodía con los brazos disponibles y la misma presencia de siempre.
—¿Cuántos libros? —había preguntado Lucas.
—Cuatrocientos doce —dijo Nathan—. Según el inventario de Helena.
Lucas