El apartamento de Brooklyn llegó en febrero.
No el que Helena y Henrik habían mirado en enero, que era demasiado pequeño para la estantería. No el del mes siguiente, que era demasiado grande para lo que necesitaban. El de febrero era el tercero que miraron y era el correcto: cuarto piso, sin ascensor, con las ventanas que daban hacia el parque y con una pared entera en el salón donde cabía la estantería completa con espacio adicional para lo que vendría.
Helena lo supo antes de entrar.
—Es este