La primera audiencia del caso de Almería fue un martes de septiembre.
Sophie llamó a Nathan a las seis de la mañana, desde el exterior del tribunal, con el ruido de fondo de una ciudad que ya estaba despierta y con el tipo de voz que tiene alguien que lleva dos horas vestido y preparado y que todavía le quedan tres horas antes de que empiece lo que importa.
—¿Estás bien? —preguntó Nathan.
—Estoy bien. —Una pausa—. Estoy exactamente donde quiero estar.
—¿El argumento?
—Listo desde el jueves. Lo