—Las grietas son por donde entra la luz, pequeña. ¿No escuchaste a la psicóloga? —le recordé, acariciando su cabello—. Yo también estoy roto. ¿Acaso olvidas mi espalda? ¿Olvidas que camino con un bastón porque mi propio hermano intentó destruirme a mí también? Estamos hechos el uno para el otro no porque seamos perfectos, sino porque entendemos el lenguaje de las cicatrices. Nadie más en el mundo podría entenderme como tú lo haces, y nadie más podría amarte con la ferocidad con la que yo lo hag