El sol la pequeña ciudad de Elogsui aponerse el sol, filtrándose por las persianas de mi habitación. Me quedé quieta frente al armario, con una mano apretando el borde de una blusa que, hace apenas un mes, me quedaba holgada. Hoy, la tela se sentía como una advertencia.-Has engordado un poco más hoy, Eira -me susurré a mí misma, con la voz quebrada.Evite el espejo de cuerpo con mucha destreza era rutina, era un adorno, no queria verme, no queria reconocer todas aquellas voces en mi cabeza. No quería ver la curva de mis muslos rozándose, ni la redondez de mi vientre. En mi mente, las palabras de Petra Petrovic resonaban como un eco «Esa ropa no te queda, querida, deberías usar algo que esconda... todo eso». Aunque trate de olvidarlas, me obligué a sonreír frente al pequeño espejo del tocador, ensayando la máscara de la chica feliz que todos esperaban ver. A mis veintidós años, como estudiante de Historia del Arte, sabía apreciar la belleza en las Venus de mármol, pero era inc
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