(NARRADO POR KEELEN)
Me quedé sentado en el coche frente a nuestro edificio durante lo que parecieron horas, aunque el reloj del tablero solo marcó quince minutos. Las palabras de Drako golpeaban contra las paredes de mi cráneo como un eco incesante en una cueva vacía: "Tú eras mi refugio".
Cerré los ojos y, de repente, ya no estaba en la moderna Atenas de 2026. Estaba en el pasillo de nuestra antigua casa familiar. Podía oler el whisky barato de mi padre y escuchar el sonido sordo de sus paso