(NARRADO POR KEELEN)
El motor del SUV ronroneaba con una constancia tranquilizadora mientras dejábamos atrás los límites de Atenas. El aire denso y cargado de la ciudad, impregnado del eco de las sirenas y los susurros de la facultad, iba siendo reemplazado por la brisa fresca que bajaba de las montañas de Beocia. Eira estaba sentada a mi lado, envuelta en un jersey de lana gris que le quedaba un poco grande ahora, con la mirada perdida en el desfile de olivos que bordeaban la carretera.
Había