(NARRADO POR KEELEN)
El despertador no tuvo que sonar. A las seis de la mañana, yo ya estaba de pie, observando cómo la primera luz grisácea de Atenas se filtraba por las persianas. Eira se removió entre las sábanas, soltando un suspiro suave. Me incliné sobre ella, besando su sien con una mezcla de amor y una culpa punzante por el secreto que llevaba en la garganta.
—¿Keelen? —murmuró ella, con los ojos apenas entreabiertos—. Es muy temprano... ¿A dónde vas?
—Nikos me llamó anoche después de q