Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio del apartamento no era el silencio de paz que habíamos encontrado en Delfos; era un silencio punzante, cargado de reproches invisibles que flotaban en cada esquina de la estancia oscura. Me quedé de pie en la terraza, viendo cómo el taxi que se llevaba a Eira desaparecía entre el tráfico de Atenas, sintiendo que una parte de mi propia estructura ósea se marchaba con ella.







