(NARRADO POR KEELEN)
Aproveché que Eira pasaría el día con Artemises y Atenas para enfrentar lo que sabía que sería una carnicería. Sus padres la habían llevado al campo, lejos del ruido de la ciudad, y me sentí aliviado al saber que, mientras yo me sumergía en el fango legal, ella estaría rodeada de árboles y del cariño incondicional de los suyos.
El edificio del juzgado de Atenas se alzaba como un bloque de mármol frío y hostil. Dentro, el aire olía a papel viejo y a la tensión acumulada de c