El Pozo del Vacío aún rugía detrás de ellos cuando Liyeth lo sostuvo con ambas manos y lo arrastró hacia la grieta luminosa que había abierto con sus alas.
El infierno gritó su nombre. Los demonios corrieron. El Pozo intentó atraparlos con tentáculos de sombra líquida.
Pero ella, con las alas extendidas y los ojos llenos de furia y determinación, lo sostuvo contra su cuerpo y murmuró:
—No te voy a perder, Jaik. No ahora… no después de saber quién eres realmente.
Jaik estaba semiconsciente. Su c