El Pozo se cerró sobre Jaik como una boca devorando luz.
Yo corrí hacia el borde, pero Dorth me sujetó con todas sus fuerzas.
—¡Liyeth, no! —gritó.
—¡SUÉLTAME! —rugí— ¡NO VOY A DEJARLO SOLO!
Pero no pude evitarlo.
El suelo crujió bajo mis pies… Y el infierno decidió por mí.
La piedra se partió con un rugido monstruoso.
Un torbellino de fuego negro y viento helado me envolvió, arrancándome de las manos de Dorth.
—¡LIYEEEETH! —escuché que gritaban dos voces a la vez:
la de Dorth… y la de Kimy, en mi mente.
“¡NO BAJES AHÍ! ¡ÉL NO SERÁ EL MISMO!”
Pero ya era tarde.
Me deslicé, caí, fui tragada…al Pozo de la Perdición.
No era un vacío. Era una presencia. La oscuridad del Pozo no era ausencia de luz.
Era materia viva, consciente, que se pegaba a mi piel como dedos fríos.
Mis alas se encendieron para defenderme…
…pero una voz me susurró desde todas partes:
“Tu luz no sirve aquí, ángel…”
El viento ardía. Mis alas parpadearon, temblaron…
y se apagaron.
Me quedé s