El Pozo se cerró sobre Jaik como una boca devorando luz.
Yo corrí hacia el borde, pero Dorth me sujetó con todas sus fuerzas.
—¡Liyeth, no! —gritó.
—¡SUÉLTAME! —rugí— ¡NO VOY A DEJARLO SOLO!
Pero no pude evitarlo.
El suelo crujió bajo mis pies… Y el infierno decidió por mí.
La piedra se partió con un rugido monstruoso.
Un torbellino de fuego negro y viento helado me envolvió, arrancándome de las manos de Dorth.
—¡LIYEEEETH! —escuché que gritaban dos voces a la vez:
la de Dorth… y