—¡Espere, esto es un error! —intentó decir Jeremías mientras el oficial le colocaba las esposas.
—Guarde silencio —respondió el hombre sin mirarlo—. Todo lo que diga podrá usado en su contra. Por ahora debería preocuparse en buscar un buen abogado para que pueda salir de la cárcel.
Jeremías fue sacado de su casa ante la mirada curiosa de algunos de sus vecinos. Lo subieron a la patrulla.
Durante el trayecto, intentó mantenerse sereno, pero la rabia le hervía por dentro. Apenas llegó a la coma