Aquella noche fue de celebración absoluta en casa de los Fuenmayor. Las copas se alzaron una y otra vez, las risas llenaron los salones y, por unas horas, las tensiones parecieron disiparse. Cuando el cansancio comenzó a vencerlos, uno a uno fueron retirándose a descansar.
Todos… excepto Giselle.
Ella esperó el momento exacto. Cuando el silencio se apoderó de la casa y solo quedaron luces tenues encendidas, se acercó a Jeremías con esa mezcla de dulzura y determinación que sabía usar tan bien.