Miguel se conectó al computador y comenzó a escribirle a Lola para preguntarle dónde estaba. Ya habían transcurrido varias horas desde que salió con su padrino y no había regresado.
Lola estaba recostada en la cama del hotel, con las piernas cruzadas y la bandeja del desayuno frente a ella. Untaba mantequilla en una tostada mientras miraba distraída la televisión cuando el sonido del teléfono rompió la quietud.
—Miguel —murmuró haciendo una mueca más de hastío que de enojo.
No le apetecía hab