Isabella
La casa está demasiado ordenada para estar habitada; eso pienso apenas cruzo la puerta y dejo el bolso sobre la consola. No escucho pasos, ni música, ni la voz de Ryan hablando por teléfono como suele hacerlo. Hay un silencio limpio y muy, muy calculado.
La nota la veo enseguida, está sobre la encimera de la cocina, doblada en dos, con mi nombre escrito de su puño y letra.
“Me fui a Noruega por trabajo. Tres días.
No empieces con dramas.
Evans se queda en casa.
Compórtate.”
Nada más, ni una despedida, ni una pregunta, ni una explicación; como si yo fuera parte del mobiliario que deja encargado.
Aprieto el papel entre los dedos, sintiendo una mezcla extraña de alivio y vértigo.
La idea de que finalmente se ha ido aunque sean setenta y dos horas debería tranquilizarme, y sin embargo, me enciende. Subo a la habitación, dejo el abrigo y me miro al espejo. Tengo las mejillas sonrosadas y los labios un poco hinchados. Desde aquella noche mi cuerpo parece reaccionar antes que mi cab