Isabella
Ya conoce mi cuerpo aunque no tanto como yo quisiera, así que nos enredamos en la habitación justo como la primera vez. Le pido que ate mis manos, está vez de espaldas mientras me hace suya, y cuando azota mis nalgas siento toneladas de presión salir de mi cuerpo. Sera difícil salir de este vicio cuando quien me lo hace me gusta tanto. ¿Podría disfrutar del sexo de esta forma siempre sin que parezca una práctica sadomasoquista? me atrevería a decir que si no es así, no podría sentir nada.
Nos despertamos en ese silencio incómodo que se forma cuando dos personas saben exactamente lo que pasó la noche anterior y no necesitan decirlo en voz alta. El cuerpo lo recuerda todo: dónde me tocó, cómo me miró, la forma en que me dejó dormida como si yo fuera algo frágil, algo que no debía romperse.
Me despierto antes que él. El cuarto está apenas iluminado por una línea pálida que entra entre las cortinas. Evans duerme boca arriba con una mano sobre el abdomen y la mandíbula tensa incl