Mundo ficciónIniciar sesiónAurora es una mujer de 26 años; es inteligente, alegre, compasiva, genuina, audaz en los negocios, autosuficiente. Jamás ha necesitado la ayuda de nadie. Aurora posee una belleza inigualable; cualquier hombre que la ve piensa que está viendo a un ángel. Aurora, aunque ha tratado de salir adelante, tiene un pasado que la atormenta cada día de su vida; por más que intenta olvidar, no puede hacerlo, y más cuando posee un gran secreto que guarda celosamente. Debido a ese secreto, ella ha prometido jamás volverse a enamorar; es un ángel con las alas rotas. ¿Pero qué pasa cuando se cruza en la vida del exitoso, soltero y codiciado CEO, Maxwell King? ¿Podrá Aurora cumplir su promesa de no entregar su corazón nuevamente? ¿Podrá Maxwell King sanar las heridas de su corazón y devolverle las ganas de amar? ¿O serán más fuertes los miedos y los demonios de su pasado?
Leer másPOR AURORA
Estoy recostada en mi cama con la respiración acelerada y mis mejillas empapadas, tratando de tranquilizarme, pero sé que no podré hacerlo. Esto se ha vuelto constante; todas las noches es lo mismo: el recuerdo desgarrador de aquellos días no me deja en paz. Es como si lo volviera a vivir y se siente tan real. Pero basta. Hasta ahora he salido adelante; sé que soy fuerte y, aunque esto me debilita, no me derrumbaré. Así que, sin pensarlo dos veces, me pongo de pie. Aún está oscuro, lo que quiere decir que es de madrugada. Vuelvo los ojos con fastidio, pues sé que ya no podré dormir más. Tomo mi celular y veo la hora: 4:30. Pero lo que me hace sonreír es un mensaje de mi hermano: "Duerme bien, princesa". Con solo esas palabras, él hace que mi corazón se tranquilice. Mi príncipe es lo único que me queda en esta vida y lo amo con todo mi ser; bueno, mi príncipe, Tomás, mi nani y mi mejor amigo. Ellos son los que han logrado llenar mi vida de luz después de tanta oscuridad. Suspiro y lanzo el teléfono hacia la cama. Extraño a mi príncipe como una loca, pero sé que un día de estos le daré la sorpresa de que vuelvo a casa, o al menos eso espero. Me meto a la ducha y el agua caliente hace que mis músculos tensos se relajen. El agua golpea mi rostro y siento un poco de paz al saber que ahora mi vida es tranquila, que ahora estoy bien y con la determinación de que jamás me volveré a enamorar. Jamás nadie me volverá a lastimar, nunca. Después de permanecer más tiempo del habitual, salgo de la ducha y voy directo al vestidor. Coloco mi ropa deportiva; necesito hacer ejercicio, sentirme más fuerte de lo que ya soy. Así que, sin pensarlo más, me dirijo hacia mi pequeño gimnasio. Apenas veo el costal colgando del techo, me pongo los guantes de box y empiezo a golpearlo una y otra y otra vez. Mis golpes, con la práctica, se han vuelto más fuertes y mis movimientos mucho más rápidos. Golpeo el costal incontables veces; el sudor escurre por mi rostro. Puedo sentir cómo todo el coraje y odio que tengo lo descargo aquí. Cuando por fin me detengo, sonrío con mi respiración agitada y niego lo que viene a mi mente: ahora sí, al enfrentar al hombre que hace mis días una tortura. Aunque no como todos piensan, camino hacia mi habitación. Cuando ingreso, veo el reloj y, m****a, se ha hecho muy tarde. Creo que estas terapias con el costal hacen que me olvide de todo. Así que, lo más rápido que puedo, me doy una ducha y corro hacia el vestidor, solamente enredada en una toalla. Cuando estoy buscando qué ponerme, sin darme cuenta, la toalla cae al piso y de inmediato mi mirada cae en el enorme espejo que tengo frente a mí. Cuando veo lo que está frente a él, acaricio cada una de mis cicatrices. Algunas son más notorias que otras, pues he colocado algunos tatuajes en las más dolorosas. Una lágrima baja por mi mejilla, pero yo de inmediato la limpio. No, no voy a vivir del pasado. Esto solo me muestra qué tan fuerte puedo ser. Me doy la vuelta para dejar de verme y tomo entre mis manos un hermoso vestido negro. Jamás lo he llevado al trabajo, pues marca cada curva de mi cuerpo y no quiero que las personas piensen que quiero seducir al pesado de mi jefe. Ni que estuviera loca; ese hombre es un bulldog. Jamás sonríe. Me he preguntado últimamente si tendrá dientes o será esa la razón de él, porque jamás lo hace. Me encojo de hombros, restándole importancia, pero estoy segura de que algún día lo averiguaré. Cuando salgo de mi habitación, camino hacia la cocina. Mi Nani ya me tiene mi desayuno listo. Aunque es un poco tarde, no puedo dejarlo ahí sin probar bocado; esa mujer me mataría. Así que me acerco a ella y le dejo un beso en su mejilla. Ella me sonríe con ternura, pero su sonrisa se borra, alza una ceja y se cruza de brazos. —¿Otra vez esas pesadillas, cierto? Yo le sonrío, pero mis labios apenas son una fina línea y asiento. —Sí, pero no te preocupes por nada. Te juro que estoy bien. Empezamos a desayunar en completo silencio. Sé que no está convencida de mis palabras, pues me conoce perfectamente, pero tampoco quiero preocuparla por algo que seguirá pasando. Cuando termino de desayunar, me pongo de pie. Ella coloca una rebanada de postre. Yo abro los ojos y empiezo a negar. —Lo siento, Nani, creo que lo dejaremos para otro momento. Se me ha hecho tarde y mi jefe me va a matar si no llego por su estúpido café. —Pero, mi niña, a ti te encanta este postre. Vamos, solo come un bocado. De verdad que estoy tentada a hacerlo, ya que este es mi delirio, pero no, acabo de quemar muchas calorías y estoy segura de que con un solo bocado de este postre tan delicioso las recuperaría. Así que empiezo a caminar hacia la puerta y solo le grito: —Te amo, Nani. Cuídate y nos vemos al rato. Prometo en la noche acompañarte con ese delicioso postre. Cuando salgo de mi casa, lo hago casi corriendo, pues ya es muy tarde. Así que estoy por subir a mi coche, pero de pronto me detengo y volteo hacia todos lados. Creo que me estoy volviendo loca, pues siento que alguien me observa, pero eso no es posible. Así que sacudo un poco mi cabeza para sacar esas locas ideas. Me subo a mi auto y, de inmediato, lo enciendo, piso el acelerador y empiezo a conducir lo más rápido que puedo. Tengo que reconocer que, cuando llevo prisa, soy pésima conductora, pero en estos momentos no me importa si llego tarde. El cara de bulldog estará jodiendo todo el día y la verdad es que no pienso seguir soportando. Cuando llego a la cafetería, entro casi corriendo. Santiago me sonríe y niega. —De nuevo tarde. Yo suspiro y limpio un poco de sudor de mi frente. —Sí, el tráfico está horrible. Él me da una sonrisa de lado; creo que no me cree. Me entrega el café, pero antes de que lo haga, escribe algo en él. La verdad es que no presto atención y solo le agradezco. Vuelvo a conducir como loca. Cuando por fin veo el enorme edificio de Industrias King, respiro con tranquilidad al darme cuenta de que lo he logrado. Me estaciono en mi lugar asignado y bajo casi corriendo. Todos me miran con lástima, pues no cualquiera ha soportado trabajar con mi jefe. Yo solo sonrío a cada persona que me voltea a ver. Y ustedes se preguntan: ¿por qué lo has soportado? Bueno, les platico un poco. Conocí a Maxwell King y, con solo verlo, me quedé completamente sorprendida por su belleza. Pero aunque no voy a negar que el hombre es estúpidamente sexy, eso no me interesa de él. Quiero que voltee a verme, quiero que me pida que trabaje con él hombro a hombro. Así que, para que él lo hiciera, mi amigo Mike, que está completamente loco, y yo nos dimos a la tarea de averiguar cómo podría acercarme a él. Él dice que quedé enamorada de él, pero pff, por supuesto que no es verdad. El día que yo me enamoré caerá nieve en el desierto, así que eso no pasará. Simplemente quiero que se dé cuenta de que puede confiar en mí y trabajar a la par. Pero, obviamente, si solo me acercaba a él y le decía eso, pensaría que estoy loca. Así que la mejor idea fue solicitar el puesto de secretaria, que era el único que estaba disponible, y aquí estoy, dos años después, intentando que el hombre me mire como deseo, un importante ejecutivo. Salgo de mis pensamientos cuando escucho abrirse las puertas del elevador, así que empiezo a caminar, guardo mi teléfono en mi bolso y, de pronto, todo se va a la m****a. Dios, pero si apenas quité dos segundos la vista de mi camino cuando una espalda ancha está frente a mí y sé perfectamente de quién se trata. Diablos, creo que me he metido en serios problemas. Cuando él voltea a verme, estoy segura de que quiere matarme. No, si quiere matarme.POR MAXWELLMe encontraba en mi despacho revisando unos documentos, estaba muy concentrado hasta que escuché un carraspeo.Levanté la mirada y ahí estaba mi mujer quien me miraba con el ceño fruncido.¡Joder!, estaba molesta.– ¿Sucede algo mi ángel? – pregunté guardando los papeles que tenía en mis manos.– ¿Qué te he dicho? – pregunta cruzandose de brazos haciendo que sus pechos queden perfectamente a mi vista. – Pues – miro como sus pechos sobre saltan dándome una vista espectacular de ellos. – Maxwell la cara la tengo aquí — señala su rostro con el ceño fruncido, pero perfectamente puedo ver como una sonrisa se asoma entre sus labios – Que en nuestro hogar no debo trabajar – respondo– Exacto mi rayo de sol, quiero que te relajes y que por al menos aquí, en casa estés tranquilo. – Lo sé mi ángel, pero es importante lo que revisaba – respondo – ¿Más importante que tu familia? – pregunta volviéndose a cruzar de brazos – Deja demostrarme tus tetas que me distraigo y al final se
POR AURORACaminábamos tomados de las manos mientras devoraba un churro con chocolate, Maxwell me miraba con una ceja alzada al ver que mi apetito era grande. Así que solo me encogía de hombros cada vez que él me miraba.Ya no habíamos vuelto a subir a ningún otro juego, bueno a ninguno que este hombre pensara que era la entrada al más allá, habíamos subido solo a la rueda de la fortuna donde no perdimos oportunidad y nos terminamos devorando nuestros labios y bueno, un poquito de manoseo y también nos subimos a los carritos chocones, donde no perdí oportunidad para chocar a Max haciendo que casi, casi saliera de su carrito. Y bueno eso había sido toda la diversión de haber venido a la feria, ya que don gruñón no permitía que yo subiera sola a ninguno, así que no me quedaba más que disfrutar de las delicias que habían aquí.Caminamos y llegamos hasta un lugar donde decían en letras mayúsculas REGISTRO CIVIL. Miraba como los chiquillos entraban tomados de las manos de niñas, eran ad
POR AURORA Miraba la hermosa vista que tenía frente a mí, hace unos días que habíamos llegado a una hermosa isla y esto en verdad era el paraíso.Me encontraba parada a la orilla del mar, las pequeñas olas llegaban a tocar mis pies. Todos estos días he sido inmensamente feliz con Maxwell, todo ha sido miel entre hojuelas y todo eso. Él cada día me ha demostrado lo mucho que me ama y cuan arrepentido está por todo el daño que me había hecho, bueno yo también se lo recordaba a cada dos segundos y sabía que eso lo avergonzada hasta el punto que terminaba de rodillas pidiéndome perdón.Bueno, ¿Quién iba a decir que Mike tendría razón?, y al final Maxwell pediría perdón de rodillas, no me gustaba hacerle recordar eso, pero quería que supiera que si volvía a meter la pata no habría vuelta atrás y ahí si conocería el infierno que le haría vivir. Siento como unos brazos me toman de la cintura y me envuelven hasta estrecharme contra su pecho.– ¿Porqué saliste de la cama tan temprano? – pr
POR MAXWELLMiraba a mi ángel quien se encontraba completamente desnuda sobre la cama, hace unos minutos que habíamos regresado al yate.Miraba la sonrisa coqueta que adornaba su rostro, esa sonrisa que tanto había extrañado.Estaba de pie frente a la cama deleitándome con lo que tenía frente a mí.Empecé a desabrochar los botones de mi camisa, uno a uno bajo su atenta mirada.Lo hacía lento y sin prisa, sabía que esto la estaba torturando, ya que ella quería esto desde que estabamos en el mar, pero, esto lo haría a mi manera, a mi antojo.Miraba como su sonrisa poco a poco se desvanecía y la seriedad se instalaba en su rostro.– Por ¡Dios Maxwell!, ¿porqué tardas tanto? – pregunta con el ceño fruncido – ¿acaso necesitas una pastillita azul?, o ¿viagra? – pregunta – o ¿es qué te quedaste impotente en todo este tiempo de castidad? – río a carcajadas al escuchar su bombardeo de preguntas. Ya le callaría yo esa boquita con mi impotencia. – No hay prisa mi ángel – susurro– Pues yo si t





Último capítulo