Isabella
Finjo dirmir en la habitación de Ryan, en la cama que hemos compartido durante tres años, y por un segundo todo parece normal. El mismo techo, las mismas cortinas, el mismo olor que ya no me provoca nada.
Ryan entra furioso haciendo que me asuste, como siempre. Lo siento antes de verlo. El golpe de la puerta al cerrarse me causa escalofríos, y sus pasos torpes me aseguran que lleva alcohol en sus venas, junto con el silencio tenso que arrastra consigo. Se deja caer sobre la cama sin decir una palabra, sin mirarme, sin notar siquiera que ya no estoy atada y que duermo de mi lado como cualquier otra noche como si nada hubiera pasado o como si yo no hubiera cruzado un límite invisible del que no sé si podré regresar. Y que por supuesto él no puede enterarse.
Su respiración se vuelve pesada en pocos minutos. Está ebrio y yo permanezco despierta mirando la oscuridad, preguntándome en qué punto exacto dejé de pertenecerle… si es que alguna vez lo hice de verdad...
* * *
La cafet