—¡Claro que no! ¡Jamás volveré! ¡Cumpliré mi palabra!
Le di la espalda a esa vieja madriguera, al lugar lleno de recuerdos, y juré borrarlos todos de mi corazón.
Mi sombra se desvaneció lentamente en la noche fría y ventosa.
Eventualmente, tropecé con una madriguera abandonada, cubierta de polvo y llena de basura vieja.
Bajo el pálido resplandor plateado de la luna, el pasado regresó con fuerza.
Sí… recordé que, alguna vez, hace mucho tiempo, de verdad fui feliz. Antes de que Elisa llegara a mi