Mundo ficciónIniciar sesiónEn el tercer mes de la desaparición accidental de compañero alfa durante una patrulla, lo vi en un bar de la frontera. Estaba abrazando a su amiga de la infancia, una loba, y sonreía con arrogancia: —Hace tiempo que quería librarme del acoso de Betania. De hecho, te agradezco que me hayas dado la idea. Ahora siento una libertad que no conocía desde hace mucho. La loba, pegada a su pecho, le servía licor con voz melosa y le preguntó cuándo reaparecería. Él respondió sin preocupación: —Disfrutemos una semana más. Deja que Betania se vuelva loca buscándome. Así aprenderá a no meterse tanto en mis asuntos. Sus hermanos lo elogiaron: —Estrategia brillante. Después de esto, Luna te obedecerá sin cuestionar. —Las pociones de disfraz de la bruja son increíbles. Nadie te ha reconocido en todos estos días. Pero no sabían que yo, escondida en las sombras, había presenciado su actitud despreocupada. Saqué mi teléfono y llamé a los ancianos de la manada. En mi nombre de Luna, declaré la muerte del alfa y anuncié la elección del próximo líder.
Leer más— Levántate, y vete quiero que te largues de mi casa tan pronto como te levantes…no eres más que una asquerosa traidora que me ha engañado, y el bebé que esperas, de ninguna manera puede ser mío —
Bernadette se tocó la mejilla mallugada por aquella bofetada que recibió de su esposo, luego de ser cruelmente acusada de una infidelidad que jamás cometió. Alzando su vista hacia el, notó con pesar aquella cruel mirada en Kendrick Godric, el hombre que prometió amarla y protegerla frente al altar y sus padres, para toda la vida. El, había preferido creer en las palabras de otra. Había preferido creerle a su amante. — Eres tan blando, cariño, pero, ese vestido es demasiado costoso, mucho más de lo que merece una sucia infiel como ella. Al final, demostró ser la escoria que creías que era desde el principio, es una pena que tus padres la eligieran para ser tu esposa solo por su decadente apellido — dijo Chiara Cervantes, acercándose a Kendrick. — ¿No crees que ese vestido se verá mejor en mi? Ahora que seré tu esposa, y que sabes que yo jamás te traicionaría, debo de verme exactamente a tu altura mi amor…y sería un completo desperdicio que ella se llevase ese vestido… — Kendrick miró con desprecio a aquella sucia mujer. Había sido un completo estúpido por haberla amado a pesar de todo. Bernadette Baskerville había demostrado ser exactamente el tipo de mujer que temía desde el principio…una marginal traidora que solo tenía un buen apellido. Acercándose a ella, la forzó a ponerse de pie y la miró directamente a sus ojos violeta que una vez había adorado. Luego, se alejó. — Eres tan ruin que me acusas a mi de tener un amante cuando eres tú quien ha metido a esa mujer en nuestra cama. ¿Cómo te atreves? — cuestionó indignada. Kendrick se río al mismo tiempo que Chiara. — Oh no querida, yo no soy la amante de Kendrick, soy su mujer, su verdadera mujer, y así debió de haber sido siempre, firma esos papeles y libera a mi hombre del lastre que eres, un apellido prominente pero en la ruina, no es digno para un heredero de los Godric, si no lo haces, Kendrick hará que las empresas de tu padre dejen de recibir el apoyo de la reina, y no creo que quieras que tu familia pierda mas de lo que ya ha perdido… ¿O si Bernadette? — Mirando a Kendrick, supo que el estaba dispuesto a arruinar aún más a su familia. Tomando aquellos papeles de las manos de Chiara, Bernadette puso su firma en ellos. Desde ese momento y para siempre, ella y Kendrick eran libres del otro. — Te vas a arrepentir de esto… — musitó. Acercándose nuevamente a Bernadette, Kendrick la tomó por la barbilla para contemplar su rostro. Aquella mirada no derramaba lágrimas, y el, lo odió. — Chiara tiene razón, no mereces nada más de mi que no sea mi desprecio — Y haciendo uso de su fuerza, Kendrick rápidamente comenzó a arrancar bruscamente aquel vestido del cuerpo de su ahora ex esposa, hasta dejarla en ropa interior. Bernadette, apretando sus puños ante aquella cruel hazaña, se mordió el labio inferior negándose a derramar una sola de sus lágrimas, pues no iba a darles el gusto a esos dos miserables de verla rota y herida. — Que patética eres, Bernadette, pero eso te pasa por creer que alguien como tu, de tu…calaña, podría ser la digna esposa de Kendrick Godric, el próximo Duque de Devonshire — La risa burlona de aquella mujer que tan solo se había dedicado a instigar y crear falsos rumores contra ella desde el primer instante en que puso un pie en el castillo Devonshire, resonó en aquella habitación. Los sirvientes habían volteado la mirada para no verla casi desnuda, maltratada y humillada; sus damas, sollozando casi en silencio, prefirieron salir corriendo de allí. — Ven aquí m*****a traidora, ahora verás porque no debiste traicionarme jamás — Y tomándola del brazo, Kendrick comenzó a empujarla en dirección a la enorme y vieja puerta que una vez la vio entrar como la esposa de aquel hombre al que ella amó desde que era una niña, y ahora, la veía salir sumergida en la humillación. — Yo no te traicionaría jamás, Kendrick, pero si has decidido creer a esa mujer antes que a mí, entonces, que así sea. Algún día, volveremos a vernos las caras y te lo juro, haré que te arrodilles frente a mi. — dijo con voz firme la hermosa mujer de cabellos rubios y piel tan blanca como la nieve que caía fuera del castillo. Mirándola con odio y sin ningún tipo de miramiento, Kendrick Godric arrojó con crueldad a Bernadette Baskerville casi desnuda hacia afuera, haciendo que está rodará las escaleras hacia abajo haciéndose daño. — Escúchame bien, Bernadette, tu nunca has sido nada sin mi y jamás serás nada si no estoy a tu lado, el día que vuelva a verte y si tienes más poder que yo, entonces, me arrodillaré ante ti, mientras tanto, intenta sobrevivir a la nevada, porque nadie aquí, va a ayudarte. — Bernadette pudo ver aquella sonrisa triunfal y burlona en Chiara Cervantes, y un profundo desprecio y rencor en Kendrick Godric. Levantándose a duras penas, y tocándose el vientre temiendo por la vida de su hijo o hija, la mujer les dio la espalda a ambos y caminó por el viejo sendero empedrado que una vez la recibió con regocijo. Ella volvería a ese lugar, y haría que esos dos miserables pagarán por lo que le habían hecho. Chiara Cervantes se abrazó de Kendrick Godric mientras miraba a Bernadette marchando casi desnuda entre la nieve. Todas aquellas mentiras que le había dicho al hombre que deseo para ella siempre, finalmente dieron resultado después de todo un año, y ahora ella, y nadie más que ella, sería la esposa de Kendrick Godric, la única mujer que calentaría su cama. El corazón de Bernadette se había roto en pedazos. Había sido la prometida de Kendrick desde que tenía memoria, y aún cuando su matrimonio fue un arreglo entre sus familias, siempre lo vio como aquel príncipe que la amaría a pesar de que su familia había perdido sus títulos décadas antes, pero, no había sido así, y esa imagen en su mente, se había desvanecido por completo. Los pies le dolían, la helada nieve los estaban quemando, pero, aún así, no se detendría. Aquel sufrimiento, aquella humillación, le sería recompensada un día. De a poco, su piel amoratada se iba enfriando más y más ante aquella tormenta que sin piedad asolaba aquella región. Pronto, se quedaría sin fuerzas. No sabía por cuánto tiempo había estado caminando. Aquel recorrido por la carretera azotada por la tormenta, era brutal. El hielo se le clavaba en la piel como pequeñas agujas que le hacían daño. Iba a morir pronto de no encontrar un refugio, y pocos autos pasaban por aquel lugar que estaba prohibido para las personas comunes. Kendrick y Chiara la querían muerta, pero ella no podía simplemente rendirse. Tomando todas las fuerzas de su ser siguió caminando, notando aquellas luces de un auto que parecía aproximarse y luego detenerse. Dando un paso en falso, y para aumentar aún más su sufrimiento y miseria, Bernadette tropezó, sin embargo, no fue recibida por la fría nieve. — ¿Qué haces aquí? — Aquella voz ronca y conocida la hizo mirar aquellos ojos azules como el cielo que tenía años sin ver. Los brazos fuertes y cálidos, la levantaron del suelo. — ¿Q-Quien eres? — y musitando apenas sin voz aquella pregunta mirando al borroso rostro del desconocido, Bernadette, se desmayó. Aquel hombre de cabellos oscuros como la noche y ojos azules como el cielo matutino después de una noche de lluvia, acarició el hermoso rostro de la mujer en sus brazos. Aquello que le habían hecho era imperdonable. Caminando con ella hacia su lujoso auto clásico, esa noche arrojó improperios y desprecios hacia quienes habían hecho aquello con aquella pobre mujer que parecía muerta, y cuyo sufrimiento se notaba en su hermoso rostro. — Vamos al hospital — ordenó a su chófer con aquella frágil y temblorosa rubia en sus brazos. El castillo de Devonshire, pronto, quedó atrás. Horas después, en el hospital, Bernadette lloraba amargamente. — Lo sentimos, señora Baskerville, pero no pudimos hacer nada para salvar la vida de su hijo — Derramando lágrimas por la vida perdida debido a la crueldad de la mentira y desconfianza, Bernadette Baskerville juró vengarse de todos aquellos que habían causado su desgracia, y sin recordar el rostro de aquel extraño que la salvó en la carretera, le agradeció por ayudarla a sobrevivir. Tocando su vientre vacío, la mujer de ojos violeta derramó las últimas lágrimas que se permitirá derramar desde ese momento. Pues había nacido, su venganza.El equipo de rescate buscó durante tres días sin encontrar ni un solo rastro de Sansón. Dulce estaba al borde del colapso, llorando desconsolada cada día.Al ver su trágico estado, no sentí ni una pizca de compasión.Esa idea había sido suya en primer lugar. Yo había llorado durante tres meses buscando a Sansón, sumida en la desesperación.Ahora que le tocaba a ella, ¿cómo era posible que no pudiera aguantar ni unos pocos días?En la cuarta noche, Sansón apareció de repente. Tan pronto como me vio, me abrazó tembloroso:—Betania, sé que todavía me amas. De lo contrario, no habrías venido a buscarme durante tres días y tres noches al enterarte de mi desaparición. Sé que es mi error. Fue Dulce quien ideó todo aquello, y ahora yo también la hago sufrir al desaparecer. No debes venir. Así me he escondido más tiempo, para que haya sentido el mismo dolor que tú. Pero como viniste, estoy aún más feliz.Sansón seguía hablando sin parar, hasta que el puño de Lamberto lo derribó.—Sansón, a
Pasó mucho tiempo sin ver a Sansón.Me sumergí por completo en el trabajo de mi propia manada. Básicamente, llamaba o me reunía con Lamberto todos los días para discutir asuntos.Con el tiempo, nos volvimos cada vez más cercanos. La atmósfera incómoda entre nosotros desapareció gradualmente, y más que socios, éramos como amigos.Un día, mientras estaba en la oficina de Lamberto discutiendo la venta de minerales de ese mes, noté inesperadamente un marco sobre su escritorio. Dentro había una foto mía de cuando estaba en la escuela.¿Qué demonios? ¿Por qué Lamberto tendría una foto mía en su escritorio?Por el ángulo, era obvio que había sido tomada a escondidas. Incluso la había enmarcado con cuidado.Lamberto se quedó paralizado por un segundo, luego se acercó rápidamente y tapó la foto con nerviosismo:—No es nada, debes haber visto mal.Su torpe intento de esconderla solo confirmó mis sospechas.Pestañeé y dije con tono sugerente:—Ah, ¿en serio? Qué raro, porque justo vengo a
Sansón estaba agachado frente a la puerta de mi casa, temblando bajo el frío viento. Cuando me vio acercarme, un destello de esperanza brilló en sus ojos.Fruncí el ceño:—¿Qué haces aquí?Sansón se apresuró a tomar mi mano, suplicando desesperado:—Betania, sé que me equivoqué. No me abandones, solo yo te amo de verdad.Al sentir la ruptura del vínculo de apareamiento cuando me fui, había entrado en pánico y me había buscado por todas partes.Pero al ver su falsa expresión de arrepentimiento, solo sentí náuseas.Sus ojos estaban inyectados en sangre:—Betania, ya expulsé a Dulce de la manada. Esto es el pastel que más te gusta. Haré todo lo que digas, por favor, no me dejes.Retiré mi mano con fuerza y tiré el pastel que me ofrecía.—No lo quiero. Todo lo que tocas me da asco.El mismo que antes se quejaba de que lo controlaba demasiado, que decía que era pegajosa, que fingió su muerte para escaparme, ahora se arrastraba de rodillas rogando mi perdón.—Te amé porque creí que e
Apenas salí por la puerta cuando Lamberto me llamó desde atrás.—¿A dónde vas? Te acompaño.Lo miré con intención:—Lamberto, ya decidí romper el vínculo de apareamiento con Sansón.Él arqueó una ceja con desenfado:—¿Y eso qué?—Y eso significa que ya no tenemos ninguna relación. No hay necesidad de mantener encuentros inútiles.Lamberto esbozó una sonrisa casual, con rastros de sangre seca en la comisura de sus labios por la pelea. Sus años vagando por los bosques lo habían hecho despreocupado, y ahora, incluso como alfa, emanaba un aura de rebeldía indomable.—Después de todo, soy yo quien te ayudó. Incluso me lastimé por ti. No puedes simplemente dejarme así. Ay, me duele mucho la cabeza. Debe ser por los golpes.Frunció el ceño, fingiendo dolor, haciéndose ver lastimoso cuando en realidad estaba cubierto con la sangre de Sansón.—¿Qué es lo que quieres?Era innegable: toda su familia eran unos actores natos.—Sé que la manada de tu padre es poderoso. Después de esto, seg
Al escuchar que iba a romper el vínculo de apareamiento, el rostro de Sansón palideció al instante. Temblando, dijo:—No... no puedes, Betania. No voy a aceptar romper el vínculo de apareamiento. ¡De verdad te amo!Yo no tuve piedad al desenmascararlo:—Dices que me amas, pero aún así te acostaste sin remordimientos con otra loba. Ese tipo de 'amor' no lo quiero.Los alfas de las manadas que tenían tratos con él presenciaron todo el espectáculo desde abajo. Era imposible que volvieran a apoyarlo, así que solo le quedaba aferrarse a la alianza con mi manada del Este.En ese momento, Sansón ya estaba completamente solo. Su pecho se agitaba, y luego soltó una risa fría:—Dices que te fui infiel, ¿pero tienes pruebas reales? Tus videos solo muestran que llevé a mi 'amiga' a pasar la noche en casa, nada más.Al ver su expresión triunfante, me di cuenta de que era incluso más despreciable de lo que imaginaba.—Betania, si admites tu error ahora, podemos seguir como antes. Haré que Dulce
Sansón subió al escenario y me abrazó con fuerza, temblando mientras gritaba mi nombre.—Betania, he vuelto. No tienes idea de cuánto te extrañé.—Fui atacado por forastero durante la patrulla. Me cortaron el abdomen con una daga de plata, pero por suerte un buen samaritano me llevó al hospital. Solo así pude regresar vivo para verte. De verdad estoy bien. Mira, si no me crees.Al decir esto, levantó su camisa, revelando una horrible cicatriz en su abdomen —claramente falsa, pintada por alguien.Yo permanecí en silencio, observándolo con expresión impasible mientras actuaba.Al notar mi falta de reacción, una sombra de incomodidad cruzó su rostro.Solté una risa fría.—¿Terminas tu actuación? ¿Acaso ese 'buen samaritano' que te salvó se llamaba Dulce?La expresión de Sansón se congeló.Incluso en ese momento, fingió ignorancia.—Betania, ¿de qué estás hablando? No entiendo. Tu compañero alfa ha regresado, ¿no debes estar feliz?Su descaro me hizo reír de rabia. Tres meses de
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