Un silencio punzante llenó el aire.
Luego, una voz rota:
—¿Qué? ¿Qué estás diciendo?
La voz de mi padre temblaba, apenas coherente.
—¿Qué le pasó a mi hija?
Por primera vez, el verdadero pánico se reflejó en sus ojos.
—¿Jimena… realmente ha muerto? —Susurró mi madre, con la voz quebrada, casi inaudible.
—¿En verdad estaba sufriendo por la corrosión de plata? ¿De verdad… la malinterpretamos todo este tiempo?
Sin decir una palabra más, mi padre se transformó en su forma de lobo y salió disparado h