HORAS DESPUÉS
La noche había caído sobre Francia como una cortina pesada y silenciosa, iluminando las calles con faroles dorados y reflejos dispersos en los ventanales de los edificios antiguos. El aire era frío, pero en la discoteca que Andrea había elegido, el calor, la música y las luces neón convertían el ambiente en un vórtice vibrante donde cualquiera podía perderse.
Axel y Andrea atravesaron la larga fila sin dificultad; el guardia los reconoció de inmediato. Axel, como siempre, irradia