El sonido del reloj en la pared era casi lo único que se escuchaba en la habitación.
Tac.
Tac.
Tac.
Axel Fort permanecía recostado en la cama del hospital, con la espalda apoyada contra los almohadones. Aún estaba recuperándose, pero su postura seguía teniendo esa rigidez natural que siempre lo caracterizaba.
Frente a él, sentado con una carpeta de cuero sobre las piernas, estaba su abogado.
El hombre llevaba años trabajando con la familia Fort para estas cuestiones. Había presenciado fusiones