La tarde caía lentamente sobre el hospital.
La luz anaranjada del atardecer se filtraba por las ventanas largas del pasillo, proyectando sombras suaves sobre el suelo pulido.
En la habitación, Axel Fort estaba sentado en la cama, mirando hacia el exterior sin realmente ver el paisaje.
Había pasado poco tiempo desde que Catalina había salido por esa puerta.
Pero la habitación ya se sentía distinta.
Demasiado silenciosa.
Demasiado vacía.
La puerta se abrió sin ceremonias.
—Así que es cierto.
Axel